

Si le dieras a elegir, él pediría simplemente una cosa, si comprimieras sus pensamientos, sólo encontrarías una palabra, si resumieras su vida, sólo juntarías una oración, y qué es él… Un loco soñador que ha ido por la vida, intentando pintar sus pasos, cuando nació tenía una bola de carne en la cabeza, y la madre pensaba que era deforme, a los cinco años se escapo de la casa de su Tía, la grandiosa Digna, la mujer más elocuente que ha conocido, la de las sombras y los pellizcos, la que formo el miedo en las letras del abecedario, acompañada de su amiga, la profesora de primer grado, que engendro en ese niño el más terrible rencor al libro MI JARDIN, detestando la lección de mamá y papá.
El niño que miraba al horizonte esperando a sus padres, el niño de todos, al que el mundo entero mandaba, pero paradójicamente el hijo de nadie, escaparse y abandonar el libro MI JARDIN a los cinco años es un pecado imperdonable, es la excusa perfecta para estar internado siete años de su vida, encierro que envolvió su mente en una anhelada espera, el niño creció esperando, y a lo largo de su vida perdió cosas, perdió sentimientos, perdió sueños, también perdió seres queridos, sin embargo nunca ha podido dejar de esperar, y vaya que esperar lo perdido resulta todo un problema por más tecnología que exista…
Hoy alguien se pregunta dónde está ese niño, el que marcaba la excelencia porque simplemente no refutaba, el que seguía el patrón del deber ser a la perfección, El que nunca manifestó que la remolacha le daba asco, y simplemente la comía para agradar a la nonna.
Y Dónde quedo su vida, cuando vio lo que no debía ver, cuando descubrió lo que no debía descubrir, donde quedo él mismo… En reproches, en miradas ancladas, en fotografías de antaño...
Mira a la izquierda
Mira a la derecha
Mira hacia delante, pero nunca voltees atrás, armoniosamente repetía su padre… Mirando hacia el frente, el niño no sabe cómo encontrarse, pues no se ve…

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