
Cuando la lluvia arropa mi ciudad, el viento vuelca los árboles, removiendo hasta lo más intimo en cada uno de los seres que aquí habitamos, los recuerdos se contraen, y la vida se desplaza lentamente, las voces de los que se han ido renacen en el crujir del aire, los amores perdidos se reflejan en los charcos de agua, que crecen a media que la lluvia aumenta, los fracasos y anhelos se hacen presente en cada gota, y el sentimiento adquiere un color gris, cada relámpago agita las palpitaciones del corazón…
Y por un momentos todos, desde cualquier lugar, observamos simplemente como cae la lluvia, como caen las tristezas, como cae la amargura, como cae los desamores, como cae el olvido…
La vida se esparce en las miradas; el niño callejero que no tiene nada que comer, mira la lluvia con incertidumbre mientras el frio sacude su cuerpo, el estudiante que observa la vida por la ventana de su salón de clases, mientras se pregunta qué sentido tiene entender la sociedad estando al margen de ella, el empresario que levanta su mirada, y se abstrae de sus negocios por medio de la lluvia, saber que siente y que todavía no es una maquina lo hace sentir reconfortado, La madre que recoge la ropa del tendedero para que no se vuelva a mojar, como tantas veces ha tenido que mojarse ella. Todos esperan algo, todos suspiran, todos desean, mientras la lluvia sigue su recorrido…
Es en ese instante no reconocido, en donde asoma la sensibilidad, en esos segundos en donde lo que está encerrado resurge para desarmarte por completo, te das cuenta que no sabes nada, que hablas de libertad y te cercenas a ti mismo, te condenas a tus principios “la moral y las buenas costumbres” son ahora tu verdugo, tratas de amordazar ese constante inconformismo que te rodea y te niegas a ver, la lluvia ha roto ese lazo, ahora todo está frente a ti, y se desploma el primero de tus imposibles, dando paso a ese mundo oculto de contradicciones, de inmediato buscas refugio en la razón, para dar solución a los enigmas fomentados por el infortunio, desgracia infundada por ti mismo.
Una gota para entender que la vida se te está yendo, y la fuerza de tus brazos no bastará para atraparla, pues como el agua terminará diluyéndose entre tus dedos…

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