
ÉL: Camine de un lado a otro, buscando el horizonte, las huellas dejaban el rastro de mi desolación, pues mientras más caminaba más perdido me sentía, las horas iban avanzando, y la alegría se desvanecía, pero, pero la esperanza comienza a esparcirse hija, ¿sabes cómo? como las cenizas que se lanzan al mar, pero simplemente iba a repetir un error, a ratificarlo, pues un error a medias no sirve de nada, y a veces para ser feliz, debemos cometer el error más grande, aquel que nos hará arrepentirnos el resto de nuestra vida...
Ella sabía que nada era igual, él sabía que nada era igual, desesperados buscaban el encuentro, sin embargo ambos se encontraban vacios, los años los habían amargados y lo único que conservaban era aquella imagen de despedida, sacrificaron toda una vida por un recuerdo, con la zozobra si el otro o la otra era igual, pero que va, los años no pasan en vano, y al verse, encontraron a una persona que no era la que endulzaba la memoria.
El miedo era latente, arriesgaron todo por un desconocido y una desconocida, cincuenta años echados a la basura por un sentimiento que ante el pasado temblaba…
Una lágrima recorría el rostro de ella, él sólo la observaba con nostalgia, ninguno sabía definir aquello que sintieron, dos historia que se unía, pero que no podían compensarse pues en sí mismos, eran mundos distintos.
Ella: ¿Y tú eras el amor?
Él: Soy simplemente eso… soy lo que dejaste, soy lo que ves y hoy no reconoces.
Ella: adiós…
Así la mujer se perdió en la inmensidad de la soledad.
Aquel hombre hoy solo y olvidado desvaría, bueno así dicen las malas lenguas de las enfermeras que lo cuida en ese oscuro y viejo ancianato.
Enfermera: Cálmese señor……………………… ella volverá………..
ÉL: Camine de un lado a otro, buscando el horizonte, las huellas dejaba el rastro de mi desolación, pues mientras más caminaba más perdido me sentía, las horas iban avanzando, y la alegría se desvanecía, la esperanza comienza a esparcirse hija, como las cenizas que se lanzan al mar…
En ese momento sus amargos ojos se encuentran con los ojos de una mujer hermosa que le sonreía, sentada en la playa… Don Paulo dejo de hablarle a su enfermera.
La enfermera asustada trataba de ayudar a aquel pobre viejo quien le sujetaba fuertemente la mano...
los esfuerzos eran en vano.
Don Paulo balbuceaba, y botaba por su boca sangre en salivada, así se iba del mundo, así culminaba su historia.
Que tan difícil es encontrarse a sí mismo, una vez que perdemos los que más amamos, reconstruimos el mundo, para continuar, pero es en ese momento, cuando todos se duermen, cuando las luces se apagan... Cuando te das cuenta que estás solo, y escuchas tu respiración, las penas caen y no puedes huir de ellas, pues tarde te has dado cuenta que se han hecho parte de ti...
James Capafho 29/06/2009

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