
Esta podría ser la historia de un hombre entusiasta que se ha visto diluido en aquellas generaciones, transcurridas en el desgaste de promesas gobiernistas, pero, (siempre el bendito PERO, que viene a incomodar a más de uno, no obstante aquí hará gala de su ironía por el cual no me hago responsable.) no es la historia de un sólo hombre, sino de muchos, quizás de millones, me atrevería a decir que del país entero, representado en sus habitantes, abocados a la esperanza sin alma, que carga en su vientre al Mesías que ha de nacer en cada periodo electoral, y será en su vida de gobernante todo un santo, la gente, los medios de comunicación del estado y hasta él mismo en sus largas alocuciones a la nación se atribuirá dones especiales, capacidades extraordinarias que topan con poderes de súper héroes, así un simple mortal pasa de la nada a convertirse en la santísima trinidad, él será padre, hijo y espíritu santo. Resolverá absolutamente todos los problemas del ciudadano común, y no tan común, sobre todo porque ésta última parte de la ciudadanía lo elevo al poder.
Después de todos estos años desgastantes de democracia, en donde ya no hay ánimos y el creer se hace escaso, tanto como la comida en los supermercados, de toda está inercia colectiva y desanimo social surgió un nuevo líder, nuevos aires de grandeza, revestido en el resentimiento, con tanta nobleza que el mismo Jesucristo se sentiría intimidado. Vendrá a mover las piezas del tablero, en una batalla a muerte, reivindicando "lo malo de la historia” creando nuevos conceptos de integración e inclusión en una búsqueda frenética para justificar sus posiciones políticas, llamando a la unidad sólo entre pensamientos iguales, la diferencia aquí es menospreciada, exponiéndola de forma ruin al escarnio público. Sin duda son sucesos que afectan a la dignidad del venezolano.
Así es polarizada una sociedad, dividida en posiciones, en imágenes borrosas de lo que pudo ser, y lo que es en realidad, nuevamente aparece la historia en los próceres del pasado que cobran fuerza desde un polo distinto, y que se mueven al ritmo de las consignas de las diversas marchas callejeras que sacuden hoy por hoy la congestionada Caracas. Dos Bolívar, Dos Miranda, Dos posiciones de concebir el futuro de la tierra de gracia.
El venezolano termina por aislarse de si mismo, desterrándose de su realidad, al no soportar el ambiente enajenado por unos o por otros, de esta manera oculta su sensibilidad, con una coraza para proteger lo poco que le queda, y es en esencia lo que es. Cosa que no podría comprender ningún político, pues para ellos la individualidad se reduce a la cantidad de votos que puede proporcionar una determinada masa.
Se acusa al mundo entero, en una voz que sobresale del miedo y la rabia, para luego convertirse en millones de voces, todos son culpables de sus infortunios, ese todo debe ser tan grande y global que involucre hasta a el más insignificante individuo, pero tan glorioso e inteligente que pueda excluirlo de sus propias responsabilidades. Sé mira al otro para criticar, es bueno señalar con el dedo, produce una sensación de grandeza, que sin duda anima el espíritu, decir que el otro lo hizo mal, suele ser mejor que admitir un error propio.
Pero (les advertí, que este PERO haría estragos en este texto) a puerta cerrada, el venezolano, burlado en su confianza, en su desespero de cambio, ve con nostalgia sus aspiraciones, manchadas por la corrupción que los abraza, sumergiéndolos en ese submundo de falsos valores. Ese Dios momentáneo que arregló sus vidas no es más que el producto de su imaginación, las promesas utópicas caen por su propio peso, al no elegir a un hombre real, que asuma la mala administración, la mala gerencia que lleva el país. Un hombre que admita la decadencia en que están.
Actúan por impulso y no por conciencia. Es mejor una palabra dulce que siempre hará bien al oído, que una palabra cruda (¿CAPACIDAD?) que los ahogue en su realidad. Por eso existe esa culpa, de la que nadie habla, y que de vez en cuando grita cuando se tropieza con los sueños estancados.
James Capafho
“Si quieres que un país nunca levante la frente, róbale hasta su última reserva la dignidad, envícialos, prostituyelos, envilécelos, PERO déjale como legado eterno el juego y el vicio para que mueran esperando un golpe de suerte”
Anónimo (frase utilizada en el cortometraje Hipocresía, escrito por James Capafho)

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