
Los nervios comenzaron a comerse mi cuerpo, entre la incoherencia usó una corona de rey medieval, las palabras atraviesan el espacio sacudiendo con estruendo todo lo que me rodea, el estomago se mueve y la comida ya digerida intenta salir, pues la nauseas no saben controlar las noticias precipitadas. Ese miedo regresa, y la calma hace presencia y va de un lado a otro.
La tempestad se tranquiliza en la ducha caliente, y el agua intenta llevarse los problemas, las montañas van cayendo y con ellas la incertidumbre, el no saber es más peligroso, que conocer más de lo que nuestro ser puede soportar. Me he acostumbrado a noticias con goteros, gotas de verdades, aún no me he hecho inmune al dolor, y sigo siendo el mismo niño llorón de los cinco años, claro la diferencia ahora son dos décadas, El niño ya no tiene cinco.
Transito en la simpatía y el descontento, que deja el querer, planificar hasta el último instante de vida. El color del cabello de mi hija, la forma de una boda poco común, la música de mañana, la respuesta del examen del día 31 de abril, la ropa interior que usaré el miércoles por la tarde, el post-grado que realizaré en dos años, el país en donde pienso vivir, el viaje de vacaciones, la palabra del último mensaje de texto antes de ir a dormir.
La espontaneidad no es mi virtud.
El peligro y el ritmo de vida amenaza mis planes, y es cuando reacciono… en contradicciones, repito una y otra vez la misma canción, mientras mi cigarro es aspirado por el aire, presiento las visitas de los que se han ido, y en mi oído izquierdo susurra una voz que condiciona lo que escribo.
Modificar un estilo de vida, pedir un cambio, exigir una permutación, ¿Por qué? Porque no aceptarlo tal y como es, con sus gritos y regaños, con su manías y costumbres, con sus sonrisas de esperanzas, con el entusiasmo del éxito, y la eficiencia de paso constante. Aceptar, tolerar, pero sobre todo comprender, es lo que me muestra la vida en este momento, pues el amor verdadero es el beneplácito del que ha decidido acompañarte para emprender ese viaje que es la Familia, Si, si dije Familia, el sueño que también se ha escrito en la meta número 4 de la tercera página del cuaderno verde ecológico que usó para mis apuntes de la universidad, el cuaderno que no puede ensuciarse, el que está siempre de punta en blanco, el que representa la cura, la bendición y la añoranza del futuro.
Ser un obsesivo de las reglas es mi más terrible defecto, observar la vida, como la ve un ciego, ciertamente no es vivir, pero a los veinte y cinco años, aún, uno tiende a preguntarse cuál es la forma adecuada de vivir, Dios, los libros, el sabio fulanito, tus padres, tus amigos, y la respuesta es un no, un no tajante que me indica que aquí nada puede estar sugerido, los golpes hay que llevárselos, no se puede caminar a tientas pensando en no caer en un hueco.
Lo que se dice a veces puede herir, dañar o hasta matar, lo que se escucha puede ahogar, dañar y matar, pero que importa si callar no curará los males y escuchar no te hace menos valiente, no hay males que no curen ni un bien tan justo que en el fondo no te haga daño.
Cuantas veces me he equivocado, y que bueno que puedo equivocarme, gracias a eso he podido encontrarte y ver en ti eso que no tengo, y ver en ti aquello que nunca había tolerado, y ver en ti a un ser distinto, que piensa, que ama, que lo da todo, pero que es diferente. Y es en esa discrepancia en que crece este sentimiento, pues te acepto por todo lo que eres y por todo lo que representas, y esa regla no existía en mi cuaderno ecológico.
Las sugerencias se van al carajo, junto con la rabieta y los malos sabores que dejan ciertas discusiones, o sigues o te estancas, o accedes o te revientas. Vislumbrar que uno no es Dios es el primer paso para empezar, y hoy te digo que no quiero que cambies, si me enamoré de ti por como eres, no soy quien para exigirte que cambies.
Entender no será fácil pero estoy dispuesto a asumir el reto. Sólo tengo una vida y una sola corona medieval, no pienso perder ambas cosas por negarme a aceptar lo desconocido, una sonrisa que calle lo incomprensible, una mirada que amortigüe la rabia, y un te amo que asfixie los desacuerdos.
Una carta como cualquiera pero un sentimiento como ninguno.

1 comentario:
Quienes conocemos a James sabemos el gran ser humano que es quizas no comparta a diario con el pero con solo estar en contacto y leer estas lineas que nos escribe y cada una de ellas nos gritan sigue adelante, si se puede.Este Joven que es tan dulce como un niño aunque se describe en oportunidades amargado para mi no lo es, se nos presenta asi en su esencia luchadora.Un besoo tqm Xiomara Sierra
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