
Necesitaba salir, despejarme, no quería regresar, no quería volver, pero yo tengo ese punto débil, que siempre regreso de donde he salido… No es posible que por una vez en la vida, que yo me vuelva loca, todo el mundo me condene y me mire feo, yo soy una mujer como cualquiera, que siente, que ama, y que ha perdido lo que más quiere en su vida. Yo lavo, yo plancho, yo limpio, yo voy de aquí para allá, para que todo esté impecable, y quién agradece eso… nadie, porque yo a nadie le importo, yo les he dado todo, y hoy lo único que quiero es no pensar, es no sentir, es olvidarme, de tu papá, de ustedes, quiero sentir lo que un día perdí cuando me fui de mi casa, cuando me pintaron pajaritos de colores, y yo como tonta los creí… Quiero que entiendan que uno no deja de ser mujer por tener 50 años…
Su voz retumba toda la casa, las paredes se mueven de un lado a otro entre la rabia y el dolor. Esa mujer calmada, trabajadora había despertado entre copa y copa de vino tinto, no se reconocía, pero tampoco la reconocían sus hijos, su costal de recuerdos había caído, salpicando a más de uno, cerrando con gritos las zanjas abiertas por la verdad.
La noche cubrió su llanto y en el sofá quedó dormida una mujer que intenta recoger su vida, con piezas perdidas.
El espíritu se revela ante la adversidad, nos desafía, nos subyuga y nos obliga a entender que la única forma de superar las desgracias es enfrentándolas…

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