
Prólogo
Hablemos de la vida, del pasado y de nuestras fantasías, inventemos un mundo único, olvidémonos de las reglas, diariamente no saltamos las normas, nos burlamos de las leyes, sabemos que existen, y aún así jugamos a no saber, a no entender, a no comprender.
De niños el mundo y sus historias son diferentes, trastocadas por el dulce sabor de la infancia, a los cuatro años de edad, el mundo se nos viene abajo por no tener el juguete que deseamos, en ese momento lloramos, pataleamos, y odiamos a nuestros padres, no entienden nuestra necesidad, y lo vital que significa tener ese juguete en nuestras manos.
Con el pasar del tiempo nuestro carácter comienza a moldearse, el horizonte se agranda de un momento a otro, descubriendo cosas y seres que antes no estaban en el panorama.
El cielo comienza a despejarse, y tus grandes aventuras, hoy se ven minimizadas a travesuras sin sentido, algunas te causan risa, otras te dan pena. Sin embargo fueron esas aventuras, quienes encaminaron tu carácter y tu forma, en cierta parte, eres quien eres, gracias a tus juegos, a tus vivencias, a tu mundo de fantasías, a tu amigos secretos e invisibles, que ningún adulto pudo comprender, y que tal vez en este momento no quieras admitir que existieron en tu mente, reniegas de ellos.
En ocasiones mi querido lector le damos más importancia al que dirán, que a lo que sentimos, y cuando volteamos atrás y vemos el pasado, cerrado con llave, nos embarca un terrible sentimiento de lo que un día fue, y ya no es. Esos seres que existieron y hoy ya no están con nosotros. Todos sin ningún tipo distinción somos una gran bienvenida, y todos con mucho dolor somos una gran partida.
Santiago es el niño que todos escondemos, él que mira hacia la puerta, buscando lo que ya no está, el de la mirada perdida, el que se queda dormido en el salón de clases, y sueña con dragones y brujas. Un niño que termino perdido en los años, porque fue creciendo y cerrando puertas y ventanas, para que nada de las cosas malas que le habían sucedido lo alcanzaran, pero sin darse cuenta también le fue cerrando las puertas y ventanas a todas esos momentos felices, a esa caras llena de sonrisas. Tendemos a tener tanto miedo por lo negativos que arrasamos con todo lo que se encuentra a nuestro paso, con tal de no saber nada. Un día uno de esos seres que ya no existen en el plano terrenal me dijo: - No puedes dejar los recuerdos, ellos siempre van a estar allí detrás de ti, esperándote, son tus raíces…”y aquel que olvida sus raíces, es como el árbol caído está destinado a morir”. Años más tarde comprendí lo que me quería decir, por eso decidí escribir este libro, también me enteré que esa frase no era suya, sino de algún poeta anónimo.
James Capafho

5 comentarios:
Me da mucho gusto leer estos textos tuyos brother. Eres bueno y te deseo lo mejor siempre. Y por si todo eso fuera poco, no sabes que gusto me da ver esa imagen en donde, si no me equivoco, se ve Caracas desde Valle Alto no? No sabes que buenos recuerdos me trae.
Sabes que siempre te he comentado que me gusta la forma que escribes tienes una facilidad para que uno se identifique con lo planteado Exitoss
muy bueno mi amigo james de verdad demuestra q eres una persna q a pesar d ela adversidad supistes remontarte hacia lo alto y ver desde ahi lo buneo de la vida a pesar de las cosas malas sabes que mas alla de todo dios esta con nosotros en todo momento exito para ti mi gran amigo James
Hey muy interesante y de verdad siento que tiendes a reflejar esa realidad parcial que todos sabemos pero no nos ponemos a entenderla o siquiera pensarla.. Sigue asi y mucha suerte!!
Pues, Caramba Hombre james!, megusto lo que le� me llevo a momento de la vida que es grato recordar.
Te felicito, espero continues con esa energia y actitud de escritor, que poco a poco iras madurando.
Saludos,
Ignacio Arango (Medell�n - Colombia)
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