
Hablar de sí mismo suele ser mucho más incomodo que hablar de los demás, será porque el hecho de revisarte y admitir en lo que eres bueno, o en lo que eres terrible, causa estupor, así que es preferible obviarlo para no perjudicar a la tan sensible autoestima.
Algunos diría que soy un egocéntrico, egoísta y con poca sensibilidad social, otro dirán que soy un buen amigo, un poco temperamental, pero que siempre está cuando lo necesitan…
Otros prefieren no opinar, algunos callan y otros dicen mentiras revueltas…
Y pueden que todos dentro de sus parámetros tengan razón, y qué es el hombre en sí mismo, sino un montón de comentarios fomentados por su entorno, abatidos por la envidia, presa fácil del terror de la lengua ajena… En cada paso que damos nos enfrentamos a un mundo establecido, aquí no hay nada que cambiar, pues otros decidieron hasta nuestra forma de pensar…
Que puedo decir de mi mismo, que soy un atorrante que no soporta que alcen el tono de voz, que vivo con medidas prefijadas desde mi niñez, que galanteo con el buen gusto, definido por mi profesor de etiqueta y protocolo, un señor de fingido acento francés y de apariencia afeminada. Amo las aventuras, claro, si antes se han pensando 1200 veces, fijando su riesgo y establecido su ganancia. Nunca actuo como otros quisiera que lo haga, pues cuando debo llorar no lloro, y cuando debo sonreír tampoco lo hago, tal vez soy un ser que trata de escapar a los paradigmas, encasillándose en otros más fuertes. Cuando se quiere ser distinto siempre se corre el riesgo de ser tan trivial como los demás, he aquí la lucha entre lo individual y lo colectivo, entre el hombre y la masa. Sé perfectamente que una muerte es una tragedia, y que miles de muertes son una estadística, así que mis palabras no siempre serán indulgentes, hablar del horror, sin inmutarme puede ser una de mis cualidades repulsivas
Soy una mente cuadrada, que planifica su día a día, que encuaderna el cariño en un horas determinadas, que sabe cuándo, cómo y dónde puede estar feliz, y cuando es mejor pasar por un amargado que no entiende nada, con un sentido vivo para percibir los malos momentos, no he sabido cómo hacer para no saber antes que otros, cuando algo malo ocurrirá.
Suelo tomar ochocientas pastillas, pues para mí siempre hay una pastilla que remedia el problema, y así a mis 24 años de edad, tomo pastilla para la tensión, para el stress, para el dolor de cabeza, pastillas para aumentar de peso, pastilla para evitar el cansancio, pastillas para dormir y para estar despierto en época de exámenes, pastillas para evitar la caída del cabello, pastillas que ayudan y me hacen uno más del sistema… Y qué he podido aprender de todo esto, tal vez que no hay que mortificarse porque siempre habrá una pastilla que te resuelva la vida, o es que sencillamente nos hemos inventado todo un mundo para no enfrentar la realidad tal cual es, sin velos, sin mascaras, cruda y cenagosa, ingenua y despiadada… un universo con forma de pastilla… SOLUCIONES EMPAQUETADAS.
Frente al mundo, hay más mundo de lo que pueden ver mis ojos… y con esa esperanza prefiero mirar el mañana.
Creo que hoy no tomo más pastillas...

2 comentarios:
mi vidaaaaaaaa pase por aqui para leer tu famoso blog jeje y pues dejame decirte que escribes demasiado bien, me muero de la curiosidad de mil juegos y un castigo! sabes a pesar de ser tan joven piensas con claridad y me gusta que defiendas tu punto de vista! :) bueno mi lokito muchos besotes sigue escribiendo!! samantha
Muchas gracias Samantha, que bueno que te gusto... Amo escribir, y bueno no me imagino mi vida sin una computadora, o sencillamnet un lápiz y un papel en donde pueda plamar mis ideas... te quiero
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